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    Fernando Hernández

    Una sonrisa de niña traviesa aparece por el resquicio inferior de su máscara. Sexy Star responde el porqué hoy es una luchadora profesional: “Fue por una depresión”.
    Un novio fue el principal culpable para que la amazona más sensual de los enlonados mexicanos. Cuando la relación terminó “decidí regresarme a Monterrey, más a fuerza que de ganas, no me quería ir, pero todo me orillaba a hacerlo, no quería aceptarlo”.
    Al volver a casa quiso empezar de cero. Vació su cuarto, “y a empezar desde abajo, con la depresión, tristeza, no quería aceptar un fracaso, más porque en la escuela me decían que podía conseguir lo que quiera, por ser una mujer atractiva pensaban que me abriría las puertas fácilmente y era feliz, pero no era así, también tengo corazón, problemas, sufro”.
    Tras ver una exhibición de defensa personal decidió inscribirse a clases de muay thai, hace ya seis años de eso, “luego me metí a box y empecé como amateur, pero no llegaban mis rivales, y cuando sí llegaban me desesperaba de darles con los puños, les daba de patadas y me descalificaban”.
    Egresada de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Nuevo León, Sexy Star empezó a trabajar en el área de ventas en una empresa, “fui a la capacitación a Ciudad Juárez, teníamos exámenes todos los días. Me fue bien. Me contrataron. Mi primer cliente salió que conocía a todo mundo y salió que conocía gente del medio, incluso a mi hermana que es conductora de televisión”.
    A partir de ahí vino el giro en la vida de la regiomontana. Sus ojos aceitunados se abren más y más al recordar sus vivencias. Aquella ocasión la invitaron a una función VIP en la Arena Coliseo de Monterrey. No tenía idea de quiénes eran los luchadores que se presentaban, “pero con todo mi problema encima quería cualquier oportunidad para escaparme del problema y ahí empezó mi historia”.
    Ese Martes Nice el whiskey le venció, “traía mi litrote, estaba medio mareada cuando comenzaron las luchas y les empecé a gritar que me las iban a pagar y que me iba a subir, no mala copa, pero como que me hipnotizaba con el rollo que traía”.
    En su afán de desahogo reconoció que no sabía lo que decía, lo que causó la burla de su acompañante, “eso fue una ofensa para mí, porque no creía que me pudiera subir al ring; volteó el empresario de la arena y me preguntó si estaba segura de lo que decía, lo vi como un reto y le dije que sí, muy a la defensiva, y me respondió que lo viera en su oficina porque quería platicar conmigo. Esa noche no dormí, soñando que todo Monterrey estaba tapizado con mis fotos, con mi nombre, pero despertaba y me entraba la cruda moral”.
    Cumplió una función de apoyar al espectáculo al agredir a los luchadores en turno, porque los gladiadores iban a provocarla donde ella estuviera sentada, “me sacaban de mis casillas, yo me levantaba y la gente gritaba que les pegara; me empecé a dejar llevar y les pegaba, hasta que me jalaban al ring, me pateaban, me pegaban, me hacían como querían; me acuerdo que me levantaba, me sacudía y me ponía en guardia”.
    Al ver que no se amilanaba empezó a entrenar y cinco semanas de la mano de Humberto Garza fue llamada a las filas de Triple A, “pero ese tiempo no fue suficiente, me llamaron de México y no sabía de lo que me hablaban, no pensé que fuera a llegar a tanto”.
    Dorian Roldán, máximo jerarca actual en la empresa, le dijo que le tenía un personaje listo y adecuado para ella. El nombre, Sexy Star, “entonces me puso la máscara, pero como tengo problemas para respirar le dije que no iba a aguantar mucho tiempo, me dijo que no me preocupara y la máscara se quedó. Ahora las niñas y los niños se la ponen. Agarró mucha fuerza. No imaginamos que la máscara fuera a funcionar tanto”. Y si la pierde no dejaría de trabajar, seguiría con su personalidad en el ring, “pero no sé cuánto tiempo me mantenga en la lucha, es muy difícil”.
    Empezó como técnica, “pero considero que los técnicos siempre deben ser perfectos y no se pueden expresar como quisieran, y los rudos sí hacen lo que sienten; de ruda puedo ser yo, decir lo que quiero, hacer lo que siento, y pensé que cuando me toque con hombres usar el coqueteo y cuando estén distraídos pues darles”.
    Rostro estético, cuerpo llamativo y un carácter muy afable, la luchadora sí ha sido lastimada. Su lesión más grave casi la deja paralítica al hacer un lance hacia Estrellita, que se quitó y la regiomontana quedó doblada literalmente, “mi pie tocó mi cabeza y gracias a Dios no quedé paralítica”.
    Y también por su belleza ha sido objeto de envidias, no sólo en el plano de las rivalidades que se dan en los cuadriláteros, “entras y preguntan que quién eres, con quién llegas, con quién andas, quién te apadrina, difícilmente pueden creer que pues porque te tocó así la vida, por el talento, entonces sí pasé muchas cosas”.
    Al final, el tiempo le dio la razón, porque su talento la ha llevado a encabezar carteles, ganar el título Reina de Reinas o las cabelleras de Faby Apache y del exótico Pimpinela Escarlata, que es el que más trabajo le ha costado en duelos de apuestas, “porque es hombre con coraje de mujer, porque las mujeres somos muy aguerridas, más que los hombres”.
    A Sexy Star le tocó estar al lado de Mickie James en TNA, ex diva de la WWE, “y estar en Japón encabezando una gira que se llamó Sexy Star’s Tour, hice un documental también para National Geographic, me tocó ir a Colombia y he hecho documentales para otros países”.
    La regia sabe que el tiempo en la lucha es difícil, por extrañar a su familia y viajar mucho tiempo, “siento y creo que debo estar más tiempo con mi mamá y mi papá”.
    Una chica hiperactiva, aplicada siempre en su época de estudiante, aunque su movimiento constante le acarreó problemas de conducta en los colegios, “pensaban los maestros que era por falta de atención y no, era por exceso de atención, estaba muy consentida; quería llamar la atención y no me importaba nada, pero siempre ganaba la más popular de cajón”.
    Hoy es una mujer que sabe defenderse sola, y muy bien, que no se intimida ante las miradas lascivas de los caballeros y alguna que otra dama. Sabe que es parte de su personaje, pero cuando un hombre quiere pasar de las miradas al tacto les pega.
    “Aparte entiendo el instinto hombre-mujer y es como algo natural que por instinto el hombre te voltea a ver, incluso los gays me voltean a ver, al principio decían que era travesti, porque soy demasiado cuidadosa en las uñas, cabello, glamurosa y eso se puede confundir con el exceso de vanidad; no me incomoda eso, pero ya cuando te faltan al respeto si son grandes me les voy a los puños y patadas, pero cuando son niños les pego en la cabeza o les saco un susto, porque saben lo que estoy haciendo, porque a pesar de que hago mis movimientos sensuales merezco respeto, no me gusta llegar a eso porque soy una dama”, resaltó.
    Actualmente no tiene novio y al hombre que provocó toda esta revolución, con el que terminó años atrás y provocó la depresión le agradeció, porque gracias a eso ella tomó un camino triunfador y así culminó el ciclo.
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