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    David Carrión

    Tragos de café

     

    Me enteré de Paco Ignacio Taibo II pocos días antes de la presentación de su libro Patria I, una triada que desmenuza la historia de México, yendo y viniendo desde la insurgencia en tiempos de Santa Ana hasta la guerra de Reforma.

    De Ignacio Taibo había visto sólo una parte del documental que History Channel realizó con él, titulado “La historia no contada de México”; hasta ahí mi cortísima memoria no dio para más y acudí al tecleo del gurú moderno: Google.

    Aquel gurú moderno y sus limitados resultados no logró otra cosa que preguntarme si hay vida más allá de Google, pero bueno… eso es otro debate.

    Lo que logré fue identificar al personaje, ubicarlo en el tiempo, darle un contexto amplio y tener una noción sobre el escritor que comenzaba su presentación. Porque no hay mejor forma de entender a un escritor sino es leyéndolo; leer para conocer y conocerse.

    Adquirí su libro 68. La mirada me sorprendió bruscamente por una leyenda en la portada “Con prólogo de Elena Poniatowska”, aquella sí que la había leído. De inmediato el título, “ni más grande, ni más chico” como el mismo Ignacio Taibo II lo describe, revivió las incontables platicas (monólogo de un espectador) con mi abuelo Salvador Rosales y Masó. Me habló siempre de sus inquisitivas razones sindicalistas, de la lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas en la década de los sesentas y recordé las interminables horas forzadas de relectura del Contrato Colectivo de Trabajo, vigente o no.

    Al pasar de las hojas me di cuenta de que Paco Ignacio Taibo, hijo de un brillante periodista y novelista español, nació ceceando en su lengua y pronto lo perdió, como una víctima más de nuestra prosodia, de la jerga tradicional y seguro la perdió también por la necesidad de una nacionalización, en los tiempos en que México era destino del éxodo europeo.

    Taibo II creció con las letras en la mano en tiempos en que el conocimiento era el antídoto contra la manipulación del Gobierno. Era estudiante de La Facultad de Ciencias Políticas, no hace falta decir de qué universidad.

    Se hinchó en la izquierda de la Ciudad de México, un grupo proveniente de un puñado de facultades de la UNAM y del Politécnico que tenía su propio territorio: desde la Narvarte hasta Milpa Alta, desde el café de Coyoacán hasta el límite con Polanco. Taibo es un constructor, un artífice ideológico, un puño levantado más del Movimiento del 68. Antes del 2 de octubre, o es más, antes del 26 de julio de 1968, no existía un movimiento consagrado, pero él estaba en medio del surgimiento, <<los que lo explotamos no sabíamos entonces lo que estaba explotando>>. escribe Taibo.

    Mi sapiente madre siempre me dijo que hay pocos de izquierda, pero hay muchos menos de izquierda-izquierda o izquierda-real. Aquellos como Taibo ya hay pocos. Quedan muchos que eran espectadores, pero a él sí le mataron a sus colegas, le tiraron el macanazo para sacarle con sangre sus ideas… y aquí está, en Xalapa, con un libro llamado Patria I.

    Las historias y las memorias no son de nadie, son de todos. Paco Ignacio Taibo II y su memoria es lo que comparte y pelea en la prosa que publica. La terquedad del escritor al plasmar un pasado que no debe irse y que no se olvida. Mi generación no valorará aquel esfuerzo hasta que llegue un Pegasus tan grande y polémico que nos aviente a las calles, a lo que Taibo siempre estuvo acostumbrado: a la movilización de una idea.

    Me tomo el último trago de café al lado de esta frase que me gustó de él:

    “Es cierto, a veces los sueños producen pesadillas, pero no soñar produce idiotas”.

    @DavoCarrión

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