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    Salvador Muñoz

    Los Políticos

    Un niño en bicicleta circula en el centro del parque de la unidad habitacional donde vivo… llamo a Nina y Lucky a mi lado mientras las niñas de Once hacen lo mismo. Gerardo tiene bajo resguardo a Duncan. El niño pasa raudo y no puedo evitar expresar: “¡Pinche chamaco imprudente! ¡qué no se da cuenta que es un parque para perros!” Por supuesto, fue una broma que así fue tomada por los presentes, y es que a veces el parque parece más de esparcimiento canino, que infantil.

    Incluso, una vecina de Jardines de Xalapa hizo una propuesta al Ayuntamiento de Xalapa para que parte de un área verde del parque fuera cercada para que allí, los perros pudieran deambular, correr o jugar tranquilamente bajo el cuidado de sus dueños, y eso sí, la limpieza del área (heces y basura), fuera responsabilidad de los perreros.

    Sé que el proyecto fue entregado, pero ya no sé en qué paró tal propuesta, que a mi juicio, no es mala si pensamos que el espacio proyectado para tal efecto está lejos de los juegos infantiles, no es un área ocupada por la gente y haría un lugar amable para los canes.

    Hay personas que toman muy en serio la relación con su perro, al grado que hay quienes les dicen (decimos) perrhijo o canhijo.

    El afecto que se le puede guardar a una mascota o compañero canino es tan fuerte que incluso, hasta puede ser usado por la delincuencia… ¡en serio!

    A lo mejor usted habría escuchado del secuestro o robo de perros, ambos casos distintos. En el primero, se busca obtener un beneficio económico; en el segundo, se pretende el criadero ilegal… el caso que no me quiero imaginar, es el de sustracción de canes para usarlos en el entrenamiento de perros de pelea, como alguna ocasión lo leí en “Los Perros Duros no Bailan”, de Pérez Reverte.

    Bueno, pues estos escenarios los había escuchado fuera de Xalapa hasta que una vecina, de ésas que uno se encuentra en los paseos habituales de nuestros canes por el parque me dijo: “¿Ya sabe la nueva modalidad en el robo de mascotas?”

    ¡Ya saben! Algo así como “el primo de un amigo mío” le contó que en la zona de Las Animas o la avenida Araucarias, la verdad no recuerdo ese dato, desapareció un perrito. Clásico, se pone anuncios en las redes sociales así como letreros en los sitios donde uno cree que puede ser zona de extensión del extravío. Como es habitual, se ofrece una recompensa que va entre los 2 mil o 5 mil pesos, según la situación económica de los dueños.

     Al poco tiempo, se recibe una llamada telefónica donde avisan que se tiene bajo resguardo a la mascota y se ofrecen a entregarla, salvo que hay algunos detalles que se tienen que superar pues se invirtió en acudir al veterinario porque al parecer, el can venía enfermo; agregue que los medicamentos estaban algo caros y aunque no lo crea —así me lo asegura la vecina— hay documento de un supuesto médico veterinario que sustenta lo dicho por los “rescatistas”… en resumen, el dueño, aparte de la recompensa, desembolsa algo así como 5 mil pesos extra.

    ¡Claro! difícil acusar de “ladroncinio” (de robarse al que ladra) a alguien a menos que sea en flagrancia y no sé si haya manera de acudir ante el MP porque creo que no hemos llegado a esos extremos en nuestros quehaceres legislativos para llegar y decir: “Me robaron a mi perro”… a menos que me corrijan las autoridades y esté equivocado.

    Mientras, no queda otra más que cuidar a nuestros canhijos que al parecer, ni ellos se salvan de la delincuencia.

     

    smcainito@gmail.com

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