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    Sandra Segura

    Él es “Hermosillo”, estaba luchando en el pico de un tordo renegrido, lo estaba matando; se lo arrebatamos.
    “Hermosillo” asustado aceptó acurrucarse en mis manos, aún temeroso por la embestida de quien le superaba en tamaño y fuerza.
    Con sus lindos ojos negros me miraba tal vez pensando que ahora yo lo iba a herir.
    Y fue entonces cuando al besar su pequeña cabeza y acariciar sus alas las lágrimas se asomaron, no sé bien porqué y solo le dije:
    ¡No te voy a lastimar! ¡No te voy a lastimar!
    “Hermosillo” se quedó inmóvil por unos segundos, bajó sus hermosas alas verdes y descansó.
    Él no se dio cuenta el sentimiento que provocó, no saber qué hacer, dejarlo ir, cuidarlo hasta que se recuperara de lo sucedido o quedarme con él; es mucho más profundo que eso lo que “Hermosillo” puso en conflicto.
    Su plumaje suave fue el pretexto para quedarse con él en un escalón y seguir acariciándolo y dándole unos besillos.
    Ambos nos necesitábamos, yo protegerlo y él sentirse seguro.
    La vida nos manda mensajes de las maneras más extrañas.
    “Hermosillo” me dejó hoy muchas lecciones así tan diminuto, tan indefenso, pero de una belleza fantástica. Gracias

    Tomado de su Facebook

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