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    Salvador Muñoz

    Viajamos con Don Rubén Pabello Rojas en un tren de recuerdos, los suyos, los de Veracruz y México, con escala en Barcelona… “Algo en la sangre y en la mente obliga a regresar a los primeros tiempos, a las esencias, a los principios”,  palabras que enmarcan el documental de la vida de un xalapeño que sin romper la cuarta pared, nos invita a vivir con prudencia, justicia, fortaleza y templanza a través de “Las cuatro virtudes cardinales”, que a algunos metros de donde reunió a más de un centenar de amigos, participaban silentes del evento de la noche del lunes en el Agora de la Ciudad.

    Hay casa llena. Citan a Uriel Flores Aguayo, pero estamos en Gayola la Mujer, Lety Rosado, Naldy Rodríguez y Edgar Avila Pérez, así que me es difícil verlo como a Américo Zúñiga Martínez, quien también anda en primera fila.

    Pareciera que más que la noche de Rubén Pabello Rojas, ¡es la noche de los García! Citan a Sac-Nicté García, realizadora audiovisual, quien se encuentra en Vancouver, Canadá; está Carlos García Méndez y su esposa, Isabel Soberano de la Cruz, fundadores de la Universidad de Xalapa; junto con el fotógrafo Héctor Montes de Oca y el cronista de Xalapa, Vicente Espino Jara, el director del Ágora de la Ciudad, Ever García, y rematando con la realizadora del documental, ¡Sonia García! Lo dije: parecía más la noche de los García…

    Mi ex compañera en la Facultad de Letras, Sonia García, no sólo entra a la intimidad de la casa de don Rubén Pabello Rojas, igual le permiten atisbar a los recuerdos del protagonista, con más de 40 horas de testimonio, aunque yo creo que son más o escuché mal, además de una veintena de entrevistas que se dan entre Barcelona, la Ciudad de México y Xalapa que si bien, es mucho de lo que se cuenta, platica y dice de don Rubén, también es cierto que le queda mucho en el tintero a Pabello Rojas por contar, tan así, que los 76 minutos aproximados que dura “Las cuatro virtudes cardinales” se hacen cortitos…

    En el viaje en ese tren de recuerdos al que nos invita don Rubén, no deja de ocultar a ese joven galán que en traje militar, es seguro que en el Casino Xalapeño haya impresionado a muchas señoritas. No pude evitar cierto “celillo” al escuchar a la Mujer decir que no sólo era guapo don Rubén… ¡se mantenía guapo!, pero no se puede ir contra la verdad y es de hombres reconocerlo… tiene sus fans… tiene sus fans… no en balde los comentarios de varones y mujeres en el documental que no lo bajaban de ser un Caballero…

    ¡Ah! pero no sólo don Rubén despertó ligeramente mis celos, que fueron nada ¡ante la envidia! El señor tuvo la fortuna de saludar, recibir, atender (el pecado capital alteró mis oídos) a uno de mis Pablos favoritos: ¡Casals!

    Imagino que ha de haber sido allá por 1960, cuando la Orquesta Sinfónica de Xalapa fue sede de importantes acontecimientos en la vida artística de nuestro país, entre los que destaca el Festival y Concurso Internacional de Violonchelo, donde estuvo presente Pablo Casals…

    Don Rubén es un xalapeño para escuchar… para abrevar de su historia… de su paso por el PRI, de su distanciamiento con Agustín Acosta Lagunes, de ese inquieto deseo que tuvo, como todo buen político que se precie de serlo, de ser Gobernador de Veracruz; de sin tapujo alguno, citar que el homicidio de Luis Donaldo Colosio rompió muchos eslabones, entre ellos el proyecto de Jorge Uscanga Escobar por buscar la candidatura del PRI para ser mandatario estatal… su paso como alcalde de la ciudad y ocupar en el siglo pasado, ese dato histórico que hace que un hijo y un padre hayan ocupado el mismo cargo en Xalapa.

    A sus ochenta años, don Rubén está más presente que nunca en esta Xalapa, la Ciudad de las Flores, la Atenas Veracruzana… y más en ese paseo, situado en la parte posterior del parque Juárez, donde cuatro personajes nos ven pasar (dijeran Ana Belén y Víctor Manuel), en especial uno de ellos, el de la Templanza, que de un modo u otro, no deja de ser el hijo predilecto de don Rubén Pabello Rojas, por haberlo traído a Xalapa y darle por ello, otro nombre a la capital veracruzana: la Ciudad de las Virtudes.

    Hay tanto que platicar con don Rubén y a veces tan poco el tiempo, que continuamos mejor viendo el documental mientras nos declama algo de Antonio Machado en el vaivén de ese tren de recuerdos…

    “Y cuando llegue el día del último viaje,

    y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

    me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

    casi desnudo, como los hijos de la mar”.

     

    smcainito@gmail.com

     

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