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    Felipe de Jesús Fernández Basilio

    Desde A Janela

    El presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Donald J. Trump enfrentó elecciones intermedias o de medio término, como les llaman los norteamericanos, y en dichas elecciones tenía que preservar la mayoría absoluta que su partido detenta en ambas cámaras que conforman el poder legislativo de aquel país, mayoría con la que comenzó su administración y que debía preservar como signo del éxito de su gobierno.

    Para lograr ese objetivo Mr. Trump optó por continuar en lo general con la estrategia de populismo y confrontación con la que hace dos años alcanzó la presidencia, misma que ha sido muy útil en casi toda la América contemporánea y para ello basó su campaña en la lucha en contra de la inmigración latinoamericana, a la que por una parte vinculó con los peores demonios que aquejan a la sociedad norteamericana, ya que dijo que los migrantes centroamericanos estaban, ¡Háganme el favor!, vinculados o infiltrados por terroristas de medio oriente y para ello inició un enorme despliegue de efectivos militares en la frontera de ese país con México (mismo que cuesta muchos millones de dólares), mientras que por la otra hizo uso de las bravuconerías que caracterizan a los populistas de su calaña y estas consistieron en fanfarronear a través de twitter que iba a dejar de apoyar a los países que fueran expulsores de migrantes y también a los que los dejaran pasar para llegar a Estados Unidos (México).

    Mas la estrategia no le funcionó debido a que esta vez no operó el Colegio Electoral y por consiguiente se tenían que ganar los puestos de elección popular mediante elección directa y con ese método perdieron peso los sectores que lo respaldan, aunado a que su popularidad no es tan alta como cree y ello se debe a que resulta para cualquier sociedad moderna cansino escuchar siempre el mismo mensaje de odio y confrontación así como el natural desgaste por ejercer el poder y más cuando se le otorgó de forma casi absoluta (con mayoría en ambas cámaras) y no cumplir con todo lo que prometió ya que ni ha construido el muro ni tampoco ha logrado frenar la globalización repatriando las inversiones estadounidenses que buscan mercados más económicos para fabricar sus productos ni mucho menos ha conseguido algo con sus múltiples guerras comerciales, las que consistieron en aumentos de aranceles y renegociaciones de tratados de libre comercio.

    Todo ello tuvo como resultado que los Republicanos, el partido de Trump, perdieran la mayoría absoluta en la Cámara de Representantes y todavía no se sepa si la conservan en el Senado, ya que aún faltan por definirse dos senadurías, una de ellas en la recientemente controvertida Florida y la otra que se fue a segunda vuelta en Mississippi y se decidirá el próximo 27 de noviembre, resultado significativo que perdieran una en Arizona ya que los demócratas no ganaban ahí desde 1988 y a como como se ven las cosas será a finales de mes cuando se sepa si salvan esa mayoría o no y el resultado pudo haber sido peor para Trump sino es porque el Senado se renueva escalonadamente por tercios cada dos años.

    Por supuesto que tras el fracaso electoral no han faltado los señalamientos hechos por el Presidente en relación a un supuesto fraude electoral, sobre todo en aquellos estados en los que su partido perdió por escaso margen y eso es debido a que los populistas radicales dicen que el pueblo manda cuando ganan y que hay fraude cuando pierden ¿Conocen esa historia? y a sí mismo tampoco han faltado los enfrentamientos de éste con la prensa que con agudeza le cuestiona sobre el fracaso tanto de su elección como de sus políticas, resultando relevante la expulsión de la Casa Blanca con que sancionaron al reportero de la CNN, la cadena noticiosa por televisión más prestigiada de ese país, por hacerle preguntas incómodas en la primera conferencia de prensa que tuvo al día siguiente de las elecciones y ello se debe a que un populista de ese tamaño aparte de no tolerar el fracaso electoral tampoco se lleva con los medios serios de comunicación, quienes por naturaleza cuestionarán sus políticas exponiéndose al insulto descalificador por parte del gobernante (medios fifís, etc.) y que ante la derrota resultan particularmente incómodos.

    Claro que tampoco hay que echar las campanas al vuelo y pensar que con esta derrota ya no va a ser posible la reelección de Trump en dos años, pero sí es una muestra de cómo una sociedad democrática a pesar de haber dado un poder casi absoluto a un Presidente, de la misma manera le puede retirar ese respaldo y regresar al equilibrio propio de una democracia bipartidista y más si el que lo obtuvo no cumplió con lo prometido y se la pasó lanzando puras bravatas y chantajes en contra de quienes piensan diferente.

    Y esto es así porque el verdadero poder de la democracia consiste en dar y quitar el poder a determinada persona o partido político de acuerdo a los resultados que entrega al electorado en un determinado tiempo.

    felfebas@gmail.com

    Twitter: @FelipeFBasilio

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